El arma más letal que la mente humana ha generado no es la bomba H… sino los baños mixtos. De doble filo, puede agradarte tanto como horrorizarte.
Puedes encontrar lo que a cualquier hombre heterosexual desearía ver, tanto como lo que nunca desearías.
Son pocos los locales donde se encuentra este artilugio extraño, donde se fusionan dos universos que al colisionar crea una paradoja espacio-temporal para el que ingresa.
Uno de ellos es la cantina de “Don Pedro”, la otra está en el “pub más alternativo de conce”… (¿Lo es?.. adivina buen adivinador)
Este es la fusión, nacida en no sé que laboratorio científico frankeinsteriano, entre el baño de mujeres y el baño de hombres.
Para un hombre, el baño de mujeres es el misterio que desde los tiempos del neandertal no ha sido descifrado aún.
Se dice que el papel higiénico en baños de mujeres es sedoso y aromático. Se dice que no hay orina en el suelo. Se dice que tiene espejo. Se dice que junto a cada inodoro, hay una silla y un kit de maquillaje (o una TV con canales faranduleros, en baños más pelolais) para la amiga que acompaña a la ejecutante del acto… ¿Qué acto?... ¿Necesidades básicas?, ¿copuchenteo?, ¡¿AMBOS?!...
Hay versiones contrapuestas, porque existen las mujeres que niegan estas afirmaciones, quizá porque es un secreto demasiado sabroso como para difundirlo al otro género.
En cambio el baño de hombres es siempre más simple. He visto “baños” (si se puede decir eso) que tienen una canaleta común, a lo campo de concentración, como urinario. Los diez milímetros de líquido que uno debe traspasar para ir a orinar no se debe a una cañería en mal estado, sino a la mala puntería, debido al temblor de mano o a distracción, del tipo (bendita y maliciosa cerveza).
Es un lugar de difícil ejecución y en la mayoría de los casos hay que compartir con extraños el mismo urinario (en ese contexto, es algo muy masculino, y hay que ser bien machote para logarlo)… y siempre con comentarios tan estúpidos como “ta wena la wea”, o, “caleta e minas loco”…
Si estos dos universos se fusionan, no entiendo cómo aún tenemos mundo.
Pero han sido fusionados, pues el “nuevo género” lo exigió.
El problema empieza cuando necesitas ir al baño, y no sabes cual es tu baño y cual es el mixto.
Ahí empieza el dilema.
Los primeros pasos son de suspenso (si hitchcock hubiese vivido en esta época), esperando que sea tu baño.
Pero a veces el destino premia tu valentía y te presenta como cuadro de Boticcelli aquella escena fantástica del agarre lésbico (con lesbianas sacadas del mejor porno). ¿A qué hombre no le gusta?
Y parece que el tiempo se detuviera frente a ti, y pasan todos los momentos agradables que has tenido en tu vida, y sientes arco iris y golondrinas, y el sol con una sonrisa, y aún así nada se compara con esa escena.
Y estás ahí contemplando la magnificencia de ese atraque, cuando sientes un roce horrendo en tus sentaderas con algo que no es una mano, tampoco un palo de escoba ni un celular… y lo peor, sabes que no es una mujer.
Y te preguntas si has vivido lo suficiente como para correr y lanzarte del balcón abajo y acabar con tu miserable vida.
¡OH!... me entero recién, y mi baboseo por la escena lésbica no me advirtió que estoy en un BAÑO MIXTO.
Y caminas apresurado, y recuerdas que entraste al baño porque debes hacer, y te encierras con pestillo en uno de los urinarios y ruegas al cielo por que nadie entre por equivocación.
Y jamás una orinada (acto de mayor relajo y satisfacción, después del 2) te causa más pánico y persecuta.
Después el tema es salir. Entiendes que si pasa algo malo, y reaccionas mal, inmediatamente te catalogan como “homofóbico”.
Pero no es homofobia, es una respetuosa distancia hacia lo desconocido e incomprensible.
Al final sales ileso, el roce no fue intencional, fue un empujón casual, y al enterarte la adrenalina asesina te baja.
Y caminas pensando en la cantidad de veces que has punteado a alguna mujer, y recuerdas tu pánico; Después recuerdas a las lesbianas y sabes que nunca podrás tener algo así (porque son lesbianas)… y reflexionas:
"Quiero mi water"